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RECUERDOS DE LA VIDA/RICORDI DELLA VITA

EL OLOR DEL CAFE'

EL OLOR DEL CAFE'
Despues de una jornada pasada entre blancas arenas y olas espumosas, invitados por el fresco que nos regalaba la sombra de los pinos, esperabamos la puesta del sol sentados en los perezosos viejos como la casa, que conservaban la forma del cuerpo del ultimo que los habia usado.
El fresco de la tardecita lo invadía todo, solo la piel conservaba el calor del sol que habia tomado por toda la tarde, los ojos se iban cerrando de a poquito a medida que el silencio inundaba ese momento magico.
Cada tanto, algún vecino pasaba arrastrando los pies por la calle de pedregullo y arena, obligandonos a abrir momentaneamente los parpados para volver a cerrarlos casi inmediatamente, mientras tanto, el sol dejaba  filtrar sus ultimos rayos sobre los ladrillos de la pared y una brisa marina nos hacia sentir comodos y seguros.
Despues de un buen rato, en aquella atmosfera magica y sorprendente, desde el comedor llegaba un aroma que nos abria irremediablemnte el apetito, mamá hacía girar la cuchara en la taza sin mango y con el borde cascado, haciendo escapar el olor del café instantaneo con leche.
Como impulsados por un resorte imaginario, los tres hermanos nos levantabamos al mismo tiempo y corriamos hacia la casa, para sentarnos en el banco de madera que estaba pegadito a la pared, teniendo mucho cuidado de no agujerearnos la cabeza con el maldito borde de la ventana de hierro.
Las tazas humeantes nos esperaban ya revueltas, el marrón del café mezclado con la espumita de la leche continuaban a girar en sentido horario creando un remolino que exaltaba nuestros sentidos, especialmente la vista y el olfato. El dulce de membrillo y las galletas malteadas de la Villa Argentina, aquellas ojaldradas que se desacian con apenas mirarlas, contribuian a sacarnos el hambre en aquella tarde venariega, una tras otra nuestras manos se metían en la bolsa de nylon y el mas afortunado se quedaba con el fondo, lleno de migas y pedacitos de galleta que terminaban en la taza ensopados de leche y pescados con la cuchara, asi como hacía papá cuando tomaba el desayuno.
Con el olor del café con leche aún en nuestras narices, volviamos a sentarnos en los sillones antes de que se hiciera la noche preparandonos para la hondada de mosquitos y el espectaculo de los satelites y estrellas fugaces.
Fernando.
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