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RECUERDOS DE LA VIDA/RICORDI DELLA VITA

MARINDIA

Marindia, un verano azul...

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AMERICO EL CARPINTERO

AMERICO EL CARPINTERO
Americo vivia en una casita que la puerta la componia un gran vidrio pues por ser pequeña le daba mas luz ya que en su interior
vivian y estaba un pequeño taller el y su esposa fueron de los primeros en vivir permanente aunque viajaban diariamente a Mvdeo.
El carpintero era muy bueno hacia trabajos en grandes fabricas e instalaba vestidores hacia alguna cosa en Marindia tenemos un
banco hecho por el y una mesa para los asados liviana pero utilitaria su esposa Laurita hacia costuras para fabricas y otras cosas Tenian muchos arboles y un jardin que tenia hortensias celestes que en Navidad Laurita formaba el arbol con ellas,tenía muy buen gusto.-Mis hijos eran muy amigos el era canarito dicharachero y servicial mi hijo Ale se hizo muy amigo y empezo por gustarle la carpinteria se hizo un banco para pescar,Américo andaba en bicicleta por todo el balneario y a la mañana paseaba con su mate
los vecinos lo tenían como referencia hasta que los que iban a vivir se hacian los pozos para sacar el agua el aconsejo al peluquero que cuando pasara la arena venian las piedras y luego el agua le hicieron caso pero el posero se fastidió el resultado que ese pozo no sacó agua debieron hacerlo de nuevo de mas de 17 metros de profundidad estuvieron varios dias buscandolo para pelearlo,pero el se desentendió y no le hizo frente a tal error pero despues siguio siendo amigo de todos y se hizo una casa se llamaba Alerito  alli se sentaba frente a la estufa y tomaba su mate mañanero hoy nos queda el recuerdo del Carpintero de Marindia Americo y su esposa Laurita,a quienes recordaremos siempre.-
                     recuerdos de Marindiia                                 Teresa

LA VIEJA INTERBALNEARIA

LA VIEJA INTERBALNEARIA
Estando en Marindia un dia de Jueves Santo,el cielo nublado nos acercamos a la carretera con Francisquito y Fernando,la doble vía estaba en construcción ,mirabamos el trayecto largo y fino la veíamos solitaria en la inmensidad de los balnearios,pocas casas
muchos pinos,eucaliptus,acacias y aromas,pajaros volando,nos entretenía ver los pocos autos algun omnibus de Copsa etc.
De repente vemos un caminante que venía del lado del Fortín con su mochila al hombro,al acercarse reconocimos a Jorge Omar nos dijo vengo a visitarlos me pase de parada,nos alegramos retornamos a la casa charlando de que sería lindo andar en bicicleta por
la carretera en construccion ,ya que en esa semana los obreros no estaban,A la mañana siguiente se levantaron y tomaron
las bici Fran la de el y Omarcito la de su papá que la tenía prestada el tio Giordano ,los ciclistas agarraron carretera sin estrenar
demoraron mucho cuando volvieron contentos de su hazaña contaron hasta donde llegaron que se veía el trebol en construcción
de Atlantida,salió el tío Giordano enojado les dijo que podian haber pinchado,roto la cadena fue un rezongo muy recordado,ya que no habían hecho el paseo con mala intención,solo estabamos conociendo dijeron ,Suavizamos las cosas ya que no 
había pasado nada,conociendo al tío el cual cuando bajaban a la playa y yo quedaba con los mas chicos los cuentos eran de las inglesitas,que se ahogaron y nunca las encontraron y otros cuentos mas.-Ahora miramos la doble carretera muy difícil de cruzar por tanto tráfico y pensamos,Ahora los viejos somos nosotros
                                   Otro recuerdo        Teresa

PEPITO Y LAS COMADREJAS

PEPITO Y LAS COMADREJAS

En la casita de Marindia compartíamos los veranos en familia. Después de casarnos y tener nuestra familia de todas formas todos los febrero nos acomodábamos en la casa, Francisco y Sonia (más adelante Nathalia y Pablo), Daniel, Margarita, Ana Laura y yo. Algún año nos acompañaba Fernando mi hermano y/o Andrea la hermana de Sonia,

Tío Giordano, al que cariñosamente y para facilitar la pronunciación de ese nombre tan rimbombante y poco usual, alguno de mis hermanos había apodado Pepito, siempre estaba en su casita del fondo.

Les cuento que las comadrejas habían hecho un nido en el techo de la casa de Pepito, por lo que su obsesión era cazar tan dañino animal.

Para ello había hecho una trampa, la ponía de noche a la salida del caño de desagüe del techo y cuando la comadreja quedaba atrapada se cerraba la puerta y ahí se procedía al sacrificio del animal. Esa noche estaba especialmente oscuro, no había luna y la oscuridad de Marindia es imponente al no haber muchos focos de iluminación, entonces al sentirse el chillido en la jaula, fueron corriendo, el tío, Daniel, Francisquito y Fernando.

En eso… unas manos inexpertas hicieron una mala maniobra, la jaula se abrió, la comadreja se escapó, el tío se enojó mucho y en el alboroto el que pagó los platos rotos fue Fernando, el que no atinó a decir nada.

Cuando entraron a la casa Fernando nos miró lloroso y nos dijo "yo no fui" y ahí el verdadero culpable dijo ¡fui yo!. Daniel con la mirada esquiva no sabía que decir, ninguno se había animado a contradecir a Pepito así que quedo por esa y las culpas se la llevó el menor.

Después del susto, del ataque del feroz roedor y de la confusión generada nos reímos con ganas, sacándole el peso de la culpa al adolescente.

Como consecuencia la comadreja se salvó y nos quedó el recuerdo en un rincón.

 

 

 

 

María Teresa (Tití)

EL CONDUCTOR

EL CONDUCTOR

Los días de verano, los pasabamos en la casita de Marindia.

La camioneta Commer quedaba en el balneario, ya que Francisco se iba a trabajar en ómnibus.

Una tarde, mientras hacia mis labores en casa, me pareció sentir el ruido del motor, asomandome a la puerta, pude ver a Alejandro colgado de la parte trasera y el auto marchando decidiamente por la calle.

“Ale tirate” grité inmediatamente, cosa que Alejandro hizo inmediatamente, mientras tanto la camioneta siguió dando vueltas como una calesita por las calles de Marindia, girando alrededor de la manzana.

Todo esto debido al hecho que Daniel Cal y Fernando que eran los conductores, solo sabían ir hacia adelante, asi fue que tocando varias cosas (tachos de basura, arbustos, montones de arena) volvieron nuevamente a la puerta de casa.

 

Con el tiempo, la vieja Commer fue cambiada por una Citroen Ami 8, a la hora de la siesta, mientras casi todos dormiamos amodorrados por el calor veranigeguo, Fernando, Ale, Paty y la Tia Angela, vestida con su delantal blanco, salían a pasear con el auto por las calles de Marindia.

Un lindo zafari por las calles de tierra y llenas de pozos, “agarro por acá ?” preguntaba Fernando y todos decían que si, otras veces eran ellos los que decían al conductor por donde pasar.

Así pasaban las tardecitas de Marindia, entre dunas de arena, pinos, colas de zorro y el olor a marcelo.

Cada calle tenía su historia de pozos, pero cada uno veía algo especial en aquellas vias amarillas, alguien alguna vez vió una víbora larguisima cruzar, otro una araña negra que esperaba el pasar del auto, algún otro una perdiz escapando de un zorro, torcazas y palomas eran la distracción de Patricia, la Tía Angela contaba las florcitas y comentaba el avance de la civilización en el balneario.

Terminando con mi tarea, los esperaba, llegaban felices y contentos, riendose y comentando que la Tía los hacía ir por calles desconocidas y lejanas.

El conductor bajaba queriendo esconder su carita pero sonreía

me daba las llaves,pero yo intuía que al día siguiente se iba a producir el milagro.-El conductor que esquivaba los pozos con gran entereza,-       

      De relatos de mis hijos 2003                Teresita Maseda

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PESCA A LA ENCANDILADA

PESCA A LA ENCANDILADA

La blanca luz del farol a mantilla, rompía la oscuridad de la playa desierta.

La brisa del mar nos traía las voces de quienes habian quedado en la arena aún tibia por el calor de la jornada, risas y gritos se confundían con el romper de las olas que aparecían sin avisar estrellandose con gran estruendo contra la costa.

Cada ola que pasaba nos obligaba a levantar el farol por encima de nuestras cabezas, a su vez, cada vez que una se acercaba, traía nuevos pececitos y la red que Daniel tenía fuerte entre sus manos, por un momento se llenaba de majuga de pejerreyes y mojarritas.

Mitad de ellos volvian a liberarse quando la ola sucesiva levantaba la red y Francisco inutilmente intentaba tenerla en el agua para evitar el desastre.

Mientras tanto el farol se subía y se bajaba, las gotas salpicaban en el vidrio y el vapor que se formaba me impedian ver lo que sucedía a mi alrededor.

Desde la playa gritos y risas se sentían cada vez más lejos, señal inequivocable que nos estabamos alejando de la orilla.

Volviamos luchando contra la corriente a acercarnos a la costa para volver nuevamente a alejarnos en busca de pececitos.

El titiritar de los dientes y el frio intenso nos hacian abandonar nuestra pesca, con el botín en la red y los pantalones empapados, volviamos a la orilla para encontrar los familiares que nos estaban esperando, Sonia, Tití, Francisco Pedro, Nathalia, Paolo, Margarita, Ana Laura, Daniela, Alejandro y Patricia, se turnaban en las noches de pesca a la encandilada, esperando en la oscuridad absoluta guiados por el resplandor de la luna que nos hacia compañia apareciendo como una imagen sagrada en el horizonte marino.

Volviamos a casa despertando a los vecinos con nuestra charla y carcajadas, allá nos esperaba Teresa que con paciencia y mucho empeño, cocinaba la magra pesca en la garrafa de tres quilos apoyada en la mesa de cemento.

Masticabamos las mojarritas con ganas, comiendonos la crocante cabeza sin pensar a nada.

Lindos recuerdos, momentos hermosos pasados juntos en familia y alegria.

Fernando

DON LORENZO

DON LORENZO

Unos de los vecinos pioneros de Marindia,fueron Lorenzo y Chocha
Quien no los vio en su jardin de la casita Luna de Setiembre,tomando mate
en su jardín muy cuidado y florecido,cuando llegabamos a veranear
siempre Lorenzo el peluquero les cortaba el pelo a casi todos los vecinos
con su tunica blanca su tijera profesional,en la radio la voz de Gardel
y el con sus charlas de como se fue poblando Marindia,los arboles
que plantaron las casitas que se fueron haciendo y siempre recordando
a los campeones del futbol así niños y mayores pasaron por su tijera,
buen peluquero dicharachero todos salían riendo con su pelo cortito
y perfumado.-Cortó hasta los 90 años ahora el está con sus fotos de Gardel
y mira  en una T.V color y´asi´se entretiene pues ve
partidos del mundo entero,se pone auriculares y es feliz.-
En verano vuelve a sentarse en el jardín  cuando nos acercamos ,nos
reciben con alegría el y su sra.Y el peluquero de Marindia nos repite
sus cuentos que siempre son interesantes nos pregunta por nuestra familia
Es un adulto mayor y esta muy bien ,es gentil y risueño aunque oye un poco menos
siempre vamos a visitarlos               Teresa

EL OLOR DEL CAFE'

EL OLOR DEL CAFE'
Despues de una jornada pasada entre blancas arenas y olas espumosas, invitados por el fresco que nos regalaba la sombra de los pinos, esperabamos la puesta del sol sentados en los perezosos viejos como la casa, que conservaban la forma del cuerpo del ultimo que los habia usado.
El fresco de la tardecita lo invadía todo, solo la piel conservaba el calor del sol que habia tomado por toda la tarde, los ojos se iban cerrando de a poquito a medida que el silencio inundaba ese momento magico.
Cada tanto, algún vecino pasaba arrastrando los pies por la calle de pedregullo y arena, obligandonos a abrir momentaneamente los parpados para volver a cerrarlos casi inmediatamente, mientras tanto, el sol dejaba  filtrar sus ultimos rayos sobre los ladrillos de la pared y una brisa marina nos hacia sentir comodos y seguros.
Despues de un buen rato, en aquella atmosfera magica y sorprendente, desde el comedor llegaba un aroma que nos abria irremediablemnte el apetito, mamá hacía girar la cuchara en la taza sin mango y con el borde cascado, haciendo escapar el olor del café instantaneo con leche.
Como impulsados por un resorte imaginario, los tres hermanos nos levantabamos al mismo tiempo y corriamos hacia la casa, para sentarnos en el banco de madera que estaba pegadito a la pared, teniendo mucho cuidado de no agujerearnos la cabeza con el maldito borde de la ventana de hierro.
Las tazas humeantes nos esperaban ya revueltas, el marrón del café mezclado con la espumita de la leche continuaban a girar en sentido horario creando un remolino que exaltaba nuestros sentidos, especialmente la vista y el olfato. El dulce de membrillo y las galletas malteadas de la Villa Argentina, aquellas ojaldradas que se desacian con apenas mirarlas, contribuian a sacarnos el hambre en aquella tarde venariega, una tras otra nuestras manos se metían en la bolsa de nylon y el mas afortunado se quedaba con el fondo, lleno de migas y pedacitos de galleta que terminaban en la taza ensopados de leche y pescados con la cuchara, asi como hacía papá cuando tomaba el desayuno.
Con el olor del café con leche aún en nuestras narices, volviamos a sentarnos en los sillones antes de que se hiciera la noche preparandonos para la hondada de mosquitos y el espectaculo de los satelites y estrellas fugaces.
Fernando.
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