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RECUERDOS DE LA VIDA/RICORDI DELLA VITA

MI PADRE

MI PADRE

Llegar del trabajo y ser recibido con una sonrisa de oreja a oreja por parte de un hijo, es sin lugar a dudas una de las cosas más emocionantes y hermosas que te brinda la vida.

Intuir que detras de la puerta de casa, una personita que tu amas te está esperando porqué tiene en su cabeza un cronometro y sabe perfectamente el horario de la salida del trabajo, que identifica entre cientos de autos el ruido del motor del tuyo o el de la puerta de lata al cerrarse, te llena de orgullo y te roba una sonrisa.

Matteo se comporta exactamente de esa manera, y cada vez que lo hace, me recuerda mi infancia, quando desde el multiuso de la casa 68 delante a la placita, esperaba la llegada de mi padre con su vieja y destartalada Commer, conociendo al dedillo horarios y ruidos.

La frenada antes de estacionar, la puerta que se cerraba y mis pies que se tropezaban subiendo los trece escalones de la escalera para verificar que mis intuiciones fueran ciertas.

Mirar a traves de los vidrios de la ventana y ver asomarse la figura de mi padre, con su traje gris y sus zapatos marrones, con la agenda en una mano y la otra en el bolsillo, me regalaba una alegria inmensa, “viene papá” gritaba desde arriba antes de volver a bajar las escaleras, ahora saltando de tres en tres los escalones para alcanzar la puerta antes de que el lo hiciera, abriendo y corriendo por las veredas de pedregullo y hormigón hasta poder abrazarlo y darle un beso en la cara, pinchandome con la barba crecida en pocas horas, despues de la afeitada matutina.

En cinco metros le contaba todos los acontecimientos de la mañana, las peleas con los vecinos, los rezongos de mamá, las noticias escuchadas en el informativo, mientras tanto, agarraba su agenda y metiendome la mano en el bolsillo, sintiendome por algunos instantes el personaje importante e imponente que para mi era mi padre.

Entrando en casa, se sacaba el saco apoyandolo delicadamente en una silla, saludaba a mi madre y despues se iba a lavar las manos, bajaba las escaleras aflojandose la corbata y el olor a imprenta invadía toda la casa, imaginaba las maquinas que freneticamente imprimian cuadernos y etiquetas, los rollos de papel que se movian de una parte a otra, los tarros de tinta que se vaciaban uno atrás de otro.

Mientras comiamos, nos contaba sus problemas, anecdotas y calenturas, tomando su vaso de vino tinto y limpiandose la boca con la mano, mientras tanto, yo habia ya terminado de comer y pedía permiso para ir a la sala, obteniendolo el noventa por ciento de las veces.

Sentandome en la silla donde papá habia apoyado el saco, metía lentamente la mano en su bolsillo y buscando minusiosamente encontraba aquello que estaba buscando, un instrumento magico, con una forma extraña y simpatica, que me transportaba en otro planeta en la media hora que pasaría de ahi en adelante antes que papá, despues de haber dormido su infaltable siesta, se volviera a la imprenta.

La lupa a forma de silla con la cual papá controlaba los colores y la calidad del papel, instrumento de trabajo, habia que reponerla inmediatamente en el bolsillo, doblandola delicadamente, sin extropear sus bisagras, si era un día soleado, quemaba hormigas o prendia fuego pedacitos de papel jugando con los rayos de sol, si el día era lluvioso, buscaba microbios en las gotas de lluvia, creyendo que con aquella pequeña lupa podría finalmente hacer el gran descubrimiento que cambiariá la humanidad y me daría una notoriedad sin limites.

Cuando la puerta del baño se abría y el olor a pasta de dientes lo inundaba todo, delicadamente ponía la lupa en el bolsillo y preparaba el saco para mi padre, que con un beso en la frente, se despedía hasta la tardecita, cuando nuevamente la Commer descolorida volviera a frenar estacionando en la calle principal.

Fernando

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