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RECUERDOS DE LA VIDA/RICORDI DELLA VITA

GLADIS Y EL MAGO

GLADIS Y EL MAGO

Un canario amarillo, algunos quilos de arroz y algún litro de aceite Manzanares eran parte del tesoro de la Tía Amelia.

Junto a Gladis, vivían en un pequeño apartamento de la Teja.

Los tangos de Gardel eran el hobby preferido de Gladis, eterna niña que seguía el ritmo del dos por cuatro golpeando con el abanico cerrado en el borde de la mesa.

Conocía todas las letras.....”el día que me quieras....” cantaba con su vos entrecortada.....”Fenando, Fenando, Galdel, Galdel.....” decía cuando quería que uno se sentara con ella a jugar a las cartas y escuchar “mi Buenos Aires queridos”.

El momento de la despedida, cuando irremediablemente nos volviamos a casa, te abrazaba y te pedía por favor que te quedaras, al final, prometiendole volver cuanto antes, entre lagrimas y abanicos abiertos que nerviosamente se agitaban delante a su rostro blanco como la leche, nos ibamos apurados sin mirar para atras.

Aveces venían a pasar algunos días en casa de la Tía Olga, la vieja radio que el Tío Omar me había regalado, nos hacia compañia las tardes de otoño en las  que venían un rato a pasar en nuestra casa.

Mientras repasaba la lección antes de irme para el liceo, saboreando un delicioso té que mi madre había preparado, escuchabamos la vieja radio que tenía un defecto, un eterno zumbido producido por quien sabe que valvula quemada en su interior, pero sintonizaba perfectamente radio Clarin.

Gladis se acomdoba una y otra vez su pollera escosesa, agitaba el abanico corrigiendo su posición en la silla y repetía al detalle las palabras de la presentación del tango que estaba por ir al aire.

Eran otros tiempos, siempre me pregunté si Gladis sabría que Gardel había muerto en Medellín hacia un montón de años, quizas no, seguramente era mejor que asi fuera.

Fernando.

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